martes, 20 de enero de 2009

Estaba tumbado en la cama pensando en la muerte. En cómo sería morirse. Cómo sería de verdad. Mi cadáver encontrado en un hotel, a cientos de kilómetros de cualquier persona que me conociera. Llevado a la morgue. Depositado en el mármol de una mesa y cortado lentamente en rebanadas. ¿Dónde estaría, entonces, el «yo» que llamo «yo»?. Mi mente se disoció de pronto de mi cuerpo y me vi a mí mismo, tumbado allí en la cama. Me han dicho que eso ocurre a veces cuando haces viajes de LSD. Nunca he hecho un viaje de LSD, así que no lo sé. Me dormí pensando: «Se acabó, ya no me despierto. Mañana ya no me despierto. Estoy muerto. Final del camino. Se acabó». Y heme aquí ahora. Anotando todo esto en un cuaderno.

Roger Wolfe